Cambia, todo cambia, menos en España

Se cumple un año de las primeras elecciones generales del “cambio político”. Todo indicaba que tras las autonómicas, la izquierda española iba a regresar a los mandos de la Moncloa.  El PSOE apoyaba gobiernos locales de Podemos y este respondía entregando el bastón de mando a los socialistas en diversas comunidades. La derecha, comandada por el PP y secundada por Ciudadanos, llegaban al 20D con incertidumbre.

Una inquietud que se vio reflejada cuando a finales de enero, Mariano Rajoy rechazó el encargo del Rey y a la postre, ser investido como presidente. La partida estaba en la izquierda. Conseguir el sí/asbtención de los nacionalistas e independentistas para configurar un gobierno de izquierdas era lo que tanto Pedro Sánchez como la cúpula de Podemos pretendían. Pero el ex secretario general del PSOE eliminó de un plumazo sus pretensiones de convertirse en el séptimo presidente de la España democrática, para satisfacer y relajar el clima interno de paz establecida que Andalucía y otras personalidades de peso socialista acordaron. Le truncaron el plan a Sánchez, y ante la imposibilidad de echarse a atrás, intentó un gobierno a tres que ya de por sí era imposible.

El resultado de las segundas elecciones fue similar y la reválida de unos nuevos comicios estuvo muy cerca. Rivera y Rajoy cerraron a última hora un acuerdo para que, junto a la inestimable ayuda de los medios de comunicación, bancos y la Unión Europa, presionar al partido socialista para que se abstuviera. No lo hizo y Rajoy, obligado por las circunstacias, fue a una investidura fallida.  Con el verano premiando sus últimos días, el PSOE apretó el acelerador en busca de un pacto de todas las fuerzas de la izquierda, independentistas y PNV para evitar las terceras elecciones y si no fuera así, quitarse la responsabilidad de haber llevado al país otra vez a las urnas.  Con el contexto de un nuevo desastre electoral, los socialistas abrieron fuego y cambiaron de rumbo. Evitaron unas nuevas elecciones, dieron un necesario gobierno a España, pero escenificaron un nuevo fracaso de la izquierda.

Un fracaso que repite errores del pasado. Las rencillas ideológicas, pensar en quién iba a enarbolar la bandera del progreso, en difinitiva, centrarse en lo que les separa y no en lo que les une, han llevado a un líder que hace un año estaba denostado y fulminado, a la Moncloa. Y como es lógico en la izquierda, en vez de levantar la cabeza, reflexionar y unir han apostado por la rebelión interna. En Podemos, la lucha entre “Pablistas” y ” Errejonistas” está dividiendo al partido. En el PSOE, el partido ya lo está.

Iba a ser una legislatura muy complicada para Rajoy, decían. Iban a abrasar al ejecutivo con comisiones de investigaciones día sí y día también, decían. Nada ha cambiado en un año. Las promesas que todos los partidos del “cambio” estaban prometiendo ahora hace un año, han quedado en papel mojado. La izquierda española necesita nuevos rostros, otros líderes que hagan lo que este país demanda. Y por lo que se puede atisbar en el futuro, ni PSOE ni Podemos parecen que vayan a dar con la solución adecuada. Ninguno de sus futuribles son capaces de unir a su partido y por ende, a la izquierda. Las pobreza continúa existiendo, las clases populares siguen reclamando lo mismo, pero sus líderes no están por la labor de satisfacer sus necesidades. Bastante tienen con decapitar al que tiene que ser su aliado.

 

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Muerte Clínica

Los 17 dimisionarios dirigidos por Susana Díaz han logrado llevar acabo el objetivo que comenzó con la dimisión de Sánchez y ha acabado con la abstención en la investidura de Rajoy. Una decisión histórica que debilita a una organización ya por sí desgastada.

Abstención. La palabra tan temida en las dos campañas electorales pasadas, el término que tanto negaban todas las agrupaciones socialistas, una acción que tanto la ejecutiva saliente como el aparato del partido deslegitimaba, ha terminado por salir impresa en la nota de prensa que la Comisión Gestora ha emitido. El PSOE permitirá en el fin de semana de los Todos los Santos, un gobierno de derechas, acabando así con el bloqueo político que todos los partidos estaban dando a España.

El partido de la rosa y el puño, la organización que tiene que velar por los intereses de España y en especial de la clase media y baja, ofrece el apoyo indirecto a un Partido Popular que siempre ha apostado por sus intereses personales antes que por el bien de la nación. Sus orígenes así lo confirman, cuando ante la votación de la Constitución del 78 parte de los diputados de Alianza Popular votaron “NO” al texto que más estabilidad ha dado a España. Pero no hay que irse tan lejos. En Mayo del 2010, en medio de una de las crisis económicas más graves que Europa ha padecido, el PP con Rajoy a la cabeza, votó “NO” a los recortes que Europa había obligado hacer a Zapatero, para según palabras del actual ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, “Que cayese España que ya la levantaremos nosotros”.

El PSOE no ha entendido el cambio político que conllevó el 15 M, la aparición de un rival a su izquierda y el nuevo tiempo en Cataluña. El PSOE tiene que encabezar la izquierda apoyándose en Podemos y proponer una reforma constitucional llevada a referéndum que desencadene en una España más fuerte con una Cataluña con más competencias. Solo así podrá volver a gobernar. Con un proyecto de izquierdas y federal.

Es curioso el argumento de abstención que hacen los partidarios a ella, relatando que en unos nuevos comicios, las consecuencias serían letales, cuando esas consecuencias han sido potenciadas por ellos, al desterrar a su Secretario General, contra la opinión de las bases. Una abstención condicionada a la salida de Rajoy, sumada a una serie de leyes y a una moción de confianza a mediados de la legislatura, era la opción que los que hoy han defendido la abstención sin condiciones deberían haber propuesto en el Congreso Federal del mes de julio. Pero continuaron apoyando el mensaje de su líder sin creerlo, para luego darle la patada cuando el tiempo ha premiado. Una táctica que impulsa todavía más a Pedro Sánchez en un futuro Congreso.

Con la abstención, el Partido Socialista ha refrendado a aquellos que centraban su discurso en la coalición PPSOE, ha perdido la credibilidad que hizo frenar el “Sorpasso” y da el gobierno al primer partido imputado por corrupción en España. Podemos, aquel partido que prefirió en marzo acabar con el PSOE que con el PP, se frota las manos ante el futuro tan esperanzador que le ha abierto el PSOE. Un partido que hoy ha decidido salir del coma del que estaba inmerso para instalarse en una muerte clínica que tendrá su final cuando Rajoy decida disolver las Cortes y convocar unas nuevas elecciones.

Generación de leyenda

BA-LON-CES-TO, exclamó Pepu Hernández en la celebración del campeonato del mundo logrado en 2006. Lo hizo ante miles de personas que por primera vez salieron a las calles para conmemorar algo relacionado con el baloncesto. La ocasión lo requería. España se había proclamado por primera vez rey del mundo venciendo a una Grecia que había superado a EEUU en la semifinal. Antes, España había sido bronce en el eurobasket del 2001, inagurando de esta forma, el siglo más célebre del baloncesto español.

Tengo que decir que no soy el más propenso a hablar de este deporte, porque ni lo entiendo, ni me gusta especialmente, pero creo que todo el mundo tiene grabado en su memoria aquel partido contra Argentina, aquel agónico último erróneo lanzamiento de Nocioni que significó el pase a la primera final de un campeonato del mundo. Fue la primera vez que la mayoría de los 45 millones de españoles saltaron del sillón por un triple fallado, la victoria final de aquel mundial de Japón abrió la mente e hizo que muchos jóvenes comenzaran a apuntarse al equipo de baloncesto de su colegio.

Un año despúes, España acogió el Eurobasket aprovechando el tirón que la “ÑBA” se había ganado el año anterior. Gasol tuvo la responsabilidad de ganar el torneo en los últimos dos segundos de partido. Pero la suerte, esta vez, le fue esquiva a España y la Rusia de Kirilenko corrió por el parquet del Palacio de los Deportes de Madrid, celebrando un triunfo épico. El héroe de siempre acabó llorando ante más de 10.000 personas que le intentaban levantar a gritos de “Gasol, Gasol”. No pudo España hacer el doblete mágico, la generación más brillante de la historia tuvo que esperar dos años, para hacerse con el trono europeo. Antes, el primer duelo olímpico del siglo XXI con EEUU. Fue la primera aparición de Ricky Rubio con España en una final que significó el creer que algún día no muy lejano España podría vencer al dominador del baloncesto mundial. Gasol y Rudy comandaron a una España que llegó al último cuarto con serias opciones del oro olímpico. 107-118 fue el resultado final, una plata que supo a oro.

La primera decepción llegó en 2010, el año en que la de fútbol conquistó el cielo en Sudáfrica, un triple de Teodosic sobre la bocina privaron a España de defender el título logrado en Japón. España quedó sexta en aquel mundial y tuvo que esperar hasta 2013 para poder vengarse. Fue en Eslovenia, en un eurobasket en el que España no pudo revalidar el triunfo cosechado en 2011, tras perder ante Francia en las semifinales.

Una Francia que siempre ha tenido una importante rivalidad con España. Los duelos entre Parker, Batum, Diaw, Gelabale con Gasol, Rudy, Calderón, Navarro y compañía han escrito las páginas más ilustres del baloncesto español. La penúltima, en el Eurobasket del año pasado celebrado en Francia. Aquel encuentro disputado en Lille,supuso la clasificación de España a la final, obtenida en la prórroga y teniendo que remontar 10 puntos en el último cuarto. Pau Gasol fue el artífice de todo, su partido fue una oda al baloncesto, una lección más de cómo se debe jugar a este deporte. La última, en los juegos de Río que acaban de concluir. España ganó por más de 20 puntos en cuartos de final en el que fue el último partido con la “blue” de Tony Parker.

El ciclo de algunos se cerró ante Australia. La agonía volvió y un robo de Ricky Rubio en la última posesión del partido confirmó un metal que la selección merecía tras la gran recta final de competición realizada. Una medalla que significa la tercera presea consecutiva, un éxito sin igual de una generación que por méritos propios, se ha convertido en el mejor grupo de jugadores de la historia del deporte español. Ni la generación de fútbol, balonmano, tenis o waterpolo tiene el historial que tiene la “ÑBA”. Unos jugadores que son más personas que estrellas, unos “chicos” que se dejan del repetitivo reggaeton y escuchan Estopa antes y después de los encuentros. Por ello, siempre este BA-LON-CES-TO, gracias por representar así a este país.

Triángulo condicionado

El verano de 2016 no se recordará por las previsibles altas temperaturas, por las sequías o por algún fichaje de campanillas de Florentino Pérez. Estos meses del calendario serán evocados por las sucesivas reuniones y ruedas de prensa que Mariano Rajoy ha convocado (y convocará) para intentar dar sentido al voto que los españoles depositaron en las urnas a finales de junio. Ni Eurocopa, ni Tour de Francia ni Juegos Olímpicos. Al líder del PP le han chafado sus planes de verano y debe dar por clausurado el teatro en el que llevamos instalados desde el 26J.

Es su obligación como candidato propuesto por el Rey y lleva 40 días sin ejercela desplazando su responsabilidad a otros. Rajoy tiene que seducir a Ciudadanos y a Coalición Canaria y negociar la abstención del PNV, no sencilla por la proximidad de las elecciones vascas. Nunca puede pretender mediante la presión, que el PSOE le facilite el trabajo, más aun si cabe cuando los populares se negaron en aquella ya lejana investidura de Pedro Sánchez en marzo.

 

Tweet del Partido Popular antes de la investidura fallida de Pedro Sánchez

Habla el líder de C´s, Albert Rivera, de “sentido de estado” para presionar a los socialistas a que se abstengan. Estaría curioso ver si ese alma patriota se evidencia si Sánchez le reclama la abstención en un gobierno PSOE-Podemos o porqué no transforma su abstención en un sí, facilitando de esta forma un gobierno de derechas, priorizando el interés del Estado al interés de su partido. Reclama sentido de estado desde una posición inquietante.

El PSOE ganaría credibilidad si mantiene el NO en la investidura de Rajoy e intenta otra vez la abstención de Podemos en el acuerdo con Ciudadanos. Si no lo consigue, los diputados socialistas tendrían que negociar con el PP una abstención condicionada a una moción de confianza en los dos años de gobierno.

Esas presiones parecen no estar llegando al despacho del secretario general de los socialistas. Sánchez mantiene el discurso pregonado durante las dos campañas electorales y se abona al no. Sería terrible para sus intereses que traicionara su palabra alimentando así el lema PPSOE que Podemos enarbola. Para mostrar coherencia, el PSOE debe buscar una alternativa. Está obligado a volver a intentar reeditar(incluyendo matices) el pacto con Ciudadanos, buscar apoyos concretos con el PNV y CC y arrinconar a Unidos Podemos obligándole a la abstención. Si la alternativa no fructifica, como última opción Pedro Sánchez tendría que abstenerse negociando una moción de confianza en el ecuador de la legislatura con Rajoy, para posteriormente negociar medidas con el resto de la posición ejerciendo de líder de la oposición. Un triángulo condicionado a cada uno de sus vértices en el que el PSOE puede salir de él con una base sólida para recuperar sus votos perdidos.

La encrucijada socialista


 

No sé muy bien a donde voy, para encontrarme búscame, en algún sitio entre la espada y la pared. Entona Fito Cabrales en cada concierto que  organiza. Y seguro que estos versos sonarán también después del 26J en la calle Ferraz.

Porque la encrucijada en la que el PSOE se encuentra antes y presumiblemente, después de las generales es preocupante. No salió adelante su estrategia de gobernar con Ciudadanos y Podemos. No salió porque el partido de Iglesias no quiso dividir sus poderes a dos partidos, prefirió esperar a primavera y poder encabezar el cambio para aunar él la mayor parte de los poderes. Pero esa estrategia a tenor de las encuestas, no le estaba funcionando. En el mes de abril, los barómetros señalaban una proyección a la baja del partido morado. Ciudadanos le volvía a pisar los talones. Tenía que reaccionar, y pronto, ya que las segundas elecciones estaban en el horizonte. Reaccionó de la forma más tradicional, acuñando al pasado, utilizando la misma estrategia que utilizó el Partido Comunista tras el triunfo del “Felipismo”. Absorber al partido minoritario para agrupar el voto. Tras días de reuniones y debates, Pablo Iglesias y Alberto Garzón unificarón la unión en un lugar lleno de simbolismo; la Puerta del Sol sirvió de escenario para el nacimiento de Unidos Podemos.

Este aire de nuevo ha cautivado a muchos electores, ha vuelto a enganchar a las clases más populares y según el último CIS, la coalición de Podemos, Izquierda Unida y las Mareas adelanta a los socialistas en votos y en escaños consolidándose el Sorpasso. Si las encuestas no se equivocan, el 26 de junio presentará una realidad no muy diferente a la de las elecciones pasadas, pero con un cambio en el orden de la izquierda. El PSOE tendrá que decidir entre entrar en un gobierno con la izquierda más radical o dejar que el PP y Ciudadanos gobiernen pasando a la oposición.

Si las cuentas con Unidos Podemos salen para configurar un gobierno (sin pasar por el apoyo de los independentistas), el PSOE estará obligado a intentarlo. No sentaría nada bien a Ferraz, que Sánchez estuviese obligado a decir “sí” a Iglesias, cuando éste último negó el gobierno al primero. Además, dejar que otro partido que compite por tu mismo espacio y votantes, encabece un gobierno, suplantaría a los socialistas si la actuación fuese correcta, y la derecha y centro español los culparía, si la legislatura fuera un desastre. Pero la otra opción que resulta (dejar que la derecha gobierne) produciría un resquemor tal a los votantes de Sánchez, que la existencia de éste y de su propio partido quedaría en el aire.

La decisión no es fácil para el partido socialista. Su condición de partido presidencialista hace que pueda estar en todas las ecuaciones y no acabe en ninguna. Es la clave de España, el partido que parte como juez del futuro de un gobierno. Nadie puede confirmar, garantizar, qué va a pasar, ninguna encuesta predecir realmente los resultados. Pero lo que está claro es que el PSOE volverá a ser decisivo por su carácter dialogante, aspecto, que no tiene ninguna otra fuerza del cambio.

Si Unidos Podemos sobrepasa en escaños al PSOE, y la unión de izquierdas basta para formar un gobierno, lo menos dañino para los socialistas sería votar “sí” a la investidura de Iglesias, pero sin entrar en el gobierno, permitiendo que el partido de las conglomeraciones de partidos gobernase en minoría, dejándoles sólos ante la legislatura más complicada de la época moderna. De esta forma, el PSOE no haría a la derecha presidente y dejaría que Unidos Podemos se quemara en un tiempo de recortes. Esto o terceras elecciones, no puede haber más.

 

 

No es tiempo para salvadores

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           Primeros de marzo y La Moncloa sigue en funciones. Atrás han quedado dos meses de negociaciones, mesas a cuatro, y una cómica investidura. El tiempo ha empezado a correr, se abren ahora dos meses de diálogo que si un milagro no lo impide están encaminados a unas elecciones. Y todo ha echado a andar por la aceptación de Pedro Sánchez al ofrecimiento de Felipe VI para formar gobierno, tras la huída de un Rajoy que cada día que pasa pone en evidencia que el tiempo político le ha pasado por encima. Ni está ni se le espera. Son ya numerosos miembros de su partido que le cuestionan y que reclaman su dimisión, para apurar las pocas opciones que tiene el Partido Popular de continuar en el poder.

A hecho mucho daño en Génova que Ciudadanos, su teórica mano derecha, eligiese al PSOE antes que a ellos. “Traidor” espetaba la bancada popular cuando Albert Rivera comenzaba su discurso en la sesión de invesidura. Ciudadanos ha elegido cambio, ha optado por la izquierda en un acuerdo que significa una gran base para acuerdos posteriores. Porque el pacto firmado entre Sánchez y Rivera es un acuerdo reformista que engloba las respuestas que la población necesita. Un pacto universal de la educación que deje atrás la autoritaria LOMCE, la derrogación de los artículos más regresivos de la Ley Mordaza, acabar con las puertas giratorias, suprimir los indultos a políticos, implantar otra reforma laboral, regular la financiación de los partidos, la elaboración de un plan de choque contra la pobreza etc.

Y claro, a todo acuerdo tiene que haber detractores. En este caso, afloran y es cuanto menos sorprendente. Sorprende que un partido que dice ser de izquierdas haya votado “No” a una serie de medidas que ellos mismos comparten. Porque el pacto de educación, la universalización de la cobertura sanitaria, la ley de memoria histórica, la creación de una banca pública, el impulso de un ingreso mínimo, estaban en el programa electoral con el que Podemos se presentó a las elecciones. Recordemos que la organización morada se creó cuando el paro en España no paraba de crecer, la pobreza estaba en las calles, los planes de estudios fracasaban, la emigración a otros países de Europa era constante, los deshaucios estaban a la orden del día… Sus votantes le eligieron porque querían soluciones rápidas, reclamaban un cambio que su partido ha frenado.

Podemos, un partido que nunca ha gobernado, ni ha estado presente en el Congreso, reclamaba un poder político que no le corresponde. El “sorpasso” que ellos preveían no ha sido así y aun así quieren imponer a su mayor competidor electoral sillones. Reclaman un acuerdo desde la soberbia, le piden al PSOE que se reúna exclusivamente con ellos vetando a otras fuerzas políticas, vetando a los ciudadanos.

Votan“No”porque no quieren perder su pureza, no quieren perder votantes, no quieren dar respuestas rápidas a un país que volverá a ser alertado desde Europa para realizar más recortes. Argumentan que no apoyan la investidura de Sánchez porque ellos apuestan por un pacto de izquierdas, que dan los números para ello y que los socialistas han traicionado a su militancia(curioso, tras la victoria del “Sí” en la consulta ). La izquierda no suma, para ello, habría que negociar las abstenciones de nacionalistas, o lo que es lo mismo, confiar tu gobierno en partidos que quieren romper España. Desgraciadamente, la izquierda no puede gobernar sola.

Ciudadanos y socialistas han dejado los intereses partidistas a un lado para elaborar soluciones. Han sido valientes aun sabiendo que pueden salir perdiendo  en unas futuribles elecciones. Son los únicos que se han movido, que han sabido leer el momento político actual. Que reflexionen los que vinieron a salvar a España. Aquí no necesitamos héroes, demandamos coherencia.

Había una vez un circo…

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    Las elecciones ya pasaron, los fuegos y artificios de una campaña electoral con mensaje pero sin fondo acabó, finalizó. Pero con puntos suspensivos. El espectáculo tan lamentable que algunos partidos políticos están dando a la población hacen ver que los puntos suspensivos pueden convertirse en otra convocatoria electoral en primavera.

Porque ellos lo saben, y de ahí su comportamiento partidista y arrogante. Tanto los socialistas, como Podemos, Ciudadanos y PP saben que la formación de un nuevo gobierno es una quimera.

Las matemáticas incomodan a la izquierda. No es posible ningún acuerdo, pacto. No salen los números, no hay ecuación posible. Sorprende por ello, la propuesta sectaria de Pablo Iglesias. El mandamás morado prioriza los sillones. Pone en el filo de la navaja a Pedro Sánchez. “O izquierda o derecha”. “O nosotros o Ciudadanos”. Iglesias ahora quiere salvar a Sánchez, le quiere hacer presidente. Cuando hace un mes era incompatible con él. Muy raro todo, palabras amables hacia su rival ideológico. Quiere quemar a Sánchez, arrinconarlo y orillarle hacia la derecha. Ocupar el espacio del PSOE. Pura y neta precampaña electoral.

Y la clave, el PSOE, no se encuentra. No sabe dónde está, ni quién manda en él. La vieja  guardia socialista ( o eso dicen ser), repiten su discurso en los platós de televisión. Secundan la abstención. Dicen mirar por el bien de España, por el mantenimiento del bienestar social,es decir, por sus intereses. Hablan de su secretario general como si no fuera tal. La pelota la tiene Sánchez. Por el fortalecimiento de su mensaje, el “no” al PP debe ser  “conditio sine qua non”. Se ve obligado a defender la ideología de su partido, centro- izquierda. Lo fácil e ideal sería un pacto de izquierdas. Suma que tiene que incluir a los partidos independentistas ( Bildu y ERC), línea roja de los socialistas. Opción descartada. Por ello la desesperada búsqueda del apoyo de Ciudadanos, que con la suma de Podemos, si que un gobierno encabezado por los socialistas sería factible. Es lo que sueña Sánchez y su equipo. Tienen un mes para convertirlo en realidad. Saben que no será fácil, digamos que casi imposible, ya que Iglesias y Rivera son incompatibles.

El ganador de las elecciones, está desaparecido, no contesta, nadie sabe dónde está. Su partido, el PP, se encuentra inmerso en un círculo vicioso de corrupción. Es el primer partido político español imputado por esta mala práctica. Cada día se descubren nuevos casos, nuevas declaraciones, nuevos imputados. Demasiada novedad poco novedosa. Entre tanto escándalo, Rajoy mantiene una posición cobarde a la vez que inteligente. Deja que su principal adversario político se precipite al vacío en una primera investidura, para decir “aquí estoy yo”. Espera el fracaso de Pedro Sánchez, para saltar a escena e intentar formar gobierno. Juega con el tiempo a favor, ya que sus resultados en unas hipotéticas nuevas elecciones, aumentarían positivamente debido a la fidelidad de sus votantes. No quiere entrar en ningún acuerdo de gobierno, sin que él sea el líder de todo pacto. Propugna que tiene que haber gobierno, para que España mantenga su estabilidad económica, pero no deja que sean otros quien le den esa estabilidad. Lo dice el mismo que ha aumentado la brecha de la desigualdad a máximos históricos. Curioso.

Ante este espectáculo, no queda otra que darle al pueblo la palabra. Otra vez elecciones, en Junio, más gastos, y un mensaje: los políticos no saben ponerse de acuerdo, ceder no está en su diccionario. Otra muestra del deterioro político que nuestros representantes están dando a la democracia española. Que continúe la fiesta, que el circo no pare.

 

Un nuevo tiempo

Y el veinte llegó. Finalizaba diciembre con unas elecciones generales. El índice de participación marcó lo que significaba para el pueblo estos comicios.

El presidente en funciones y máximo favorito para descorchar el champagne era quien llegaba mejor a la recta final. Su campaña, alejada del foco mediático no dio para mucho. No dejó ningún titular. Era lo que buscaba, que no se hablara de él. Tan solo un lamentable accidente sufrido en su tierra le trastocó los planes. Rajoy complió en la sombra. Su rival de siempre, el PSOE, fue de menos a más. Sánchez realizó una campaña defensiva, desmarcándose del PP y haciendo creer que solo él era la solución. El debate final, a seis días para el 20D, le puso en la carrera para campeonar. Ciudadanos y Podemos, se disputaban la medalla de bronce. Eso parecía al comienzo de la campaña. Pero todo cambió. Iglesias intentó movilizar a la izquierda con mítines multitudinarios con aroma Felipista. Volvió al Podemos de enero de 2015. Al ritmo de “Remontada”, Podemos iba ganando enteros como primera fuerza de la izquierda. En cambio, Albert Rivera se desinflaba por momentos. Ciudadanos, optó por la estrategia equivocada. Sus líderes le pusieron la etiqueta de partido del “Centro”y sus rivales le empujaban a los lados.

La noche del 20D se apagó. Las luces de las farolas dieron paso a la luz del sol. Un nuevo día empezaba, en una España que amaneció cambiada. El Partido Popular perdió casi todo su legado. Cuatro millones de votantes  no volvieron a confiar en Rajoy para dirigir el país. Continua siendo la fuerza más votada, pero presenta muchas dificultades para formar gobierno. Los socialistas no perdieron tanto como los populares, pero sus paupérrimos 90 escaños lo convierte en el peor resultado de la historia. Sin embargo, Ferraz respiró aliviado. Continuan siendo la primera fuerza en la oposición, ante un Podemos que se les acercaba peligrosamente. Un Podemos que vendió como un triunfo su tercera posición, ya que sus 69 escaños le convierten en una fuerza importante en el Congreso. El perdedor de la partida de póker fue Ciudadanos y su mensaje de centralidad. Los ciudadanos, no lo vieron como el “cambio tranquilo” que su líder repetía en cada mitín.

Es un nuevo tiempo. Es la hora de los pactos y alianzas, del juego político que allá por los 80, España vendió como su verdadero triunfo. El PSOE tiene la llave de todo. Las elecciones le pusieron en el borde del precipicio. Es el momento para salir de ahí con vida o caer para siempre. Si se abstiene, como el PP, Ciudadanos y Europa quieren, morirá para siempre. Será la puntilla, será el final de un partido que en sus más de 130 años de historia siempre ha intentado( con sus errores y aciertos ) estar al lado de los que más sufren. Si su líder, cuestionado por la ambición y el egoísmo desmedido de algunos de sus propios dirigentes, es valiente y no cede, buscará a Podemos como aliado para empezar a intentar formar gobierno. Le pasará la pelota a Iglesias y conoceremos si una consulta popular en Cataluña es más importante que formar un gobierno dónde el bien común sea prioritario.

 Cambia, todo cambia. España también, y lo hará con pies de plomo. Siempre mirando al pasado, sin repetir errores pero repitiendo aciertos. Los Pactos de la Moncloa como ejemplo. Un nuevo tiempo ha comenzado en un año que se acaba. El 2016 promete.

La última bala

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Afirmaba John Wayne, en el final de su vida, que  “si tuviera que hacer algo de nuevo probablemente hubiera hecho lo mismo, aunque eso no significara que fuera la forma correcta de hacerlo”. Lograr el éxito sin tener en cuenta la forma de lograrlo.

Cuarenta días quedan para las elecciones generales. La noche del 21 de Diciembre, los españoles tendrán otros nombres dirigiendo su futuro. Porque la realidad nos muestra que la pluralidad de opciones políticas, escenifican un nuevo cambio político.Un cambio en el que todos los partidos políticos(unos más que otros) han entendido y se han renovado(estéticamente u orgánicamente).

Pero antes de las urnas, los votos y los escrutineos, tocan tiempos de promesas, buenas palabras y descalificaciones. Pocas verdades y mucho juego de artificio. Porque elaborar un programa político en España, presenta la misma finalidad que los inflados currículums que se almacenan día si y día también en las empresas españolas. Engañar para lograr tu objetivo, luego ya habrá tiempo para enmendar el error. Toda organización política que se ha presentado a unas eleccones, lo ha hecho. No falla. Bajar el IVA, los impuestos, subir sueldos, bajar la edad de jubilación, revisar la constitución, derrogar el concordato con la Santa Sede. Da para escribir un libro. Promesas y promesas. Puedo prometer y prometo…                                                                                                                                                           Tras el movimiento de aquella primavera de 2011 y las últimas elecciones autonómicas, los ciudadanos parecen haber entendido cómo funciona el juego. Un juego en el que algún partido político se juega mucho más que la victoria. Por la competencia tan grande que tiene en su franja ideológica de votantes. Se juega su existencia

Es el caso del Partido Socialista. Pedro Sánchez se juega la credibilidad de los suyos, tras la pérdida de confianza  en la última legislatura de Zapatero. ¿La receta?. Quizás girar hacia la izquierda, abandonar la centralidad y abogar por un reformismo progresista. Su programa electoral se está cocinando, algunas propuestas ya han sido puestas sobre la mesa. Responden a ese reformismo, a esa vuelta de tuerca que Sánchez y Luena quieren dar al PSOE. Suprimir la religión, abolir la reforma laboral, eliminar la ley Wert… Pero no es ahí dónde se demuestra el cambio de valores, la transparecia en el discurso. Es en el después, cuando hay que gobernar o presentar una firme oposición, dónde al Partido Socialista le tiemblan las rodillas. No da el paso, movido por, a saber que tipo de intereses/presiones, se deja llevar y retorna a la centralidad olvidándose así de las miles de personas que le han apoyado y han confiado en él metiendo psoe en las urnas. Es el cuento de las mil y unas noches, el cuento de nunca acabar. Pero parece que esta vez, puede ser la definitiva. La de acercarse a ese espíritu que González exprimió para lograr una histórica mayoría absoluta. Diciembre está a la vuelta de la esquina, el PSOE debe de apostar por sus valores tradicionales, solo de esta manera, logrará mantener el cartucho lleno de balas.

La(casi) victoria

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Cuando quieres y no puedes, cuando crees que tanto esfuerzo tendrá su recompensa, cuando está todo perdido y sigues agarrándote a cualquier elemento, cuando al final todo ha acabado y para algunos, habrás fracasado. Todo ello se le pudo pasar por la cabeza al campeón holandés Tom Dumoulin, al perder el maillot de líder en la última etapa de una Vuelta España que arrancaba en el sur de España con uno de los mejores planteles de la historia.

El joven ciclista de 24 años llegó a la vuelta de tapado, con el objetivo principal de ganar la contrarreloj de Burgos que le serviría de entrenamiento para el mundial de Richmond. Y vaya si logró su objetivo, su tiempo marcado en la meta le valió para vestir el “rojo” a falta, únicamente, de cuatro etapas para llegar a Madrid.

Su ventaja, mínima, le hizo partir como máximo favorito para lograr su primera grande. Tan solo un gran ataque de sus principales rivales le podía  despertar del sueño. Pasaron las etapas y cada kilómetro que atravesaban,Tom se mostraba más fuerte y con mejores piernas que el italiano Aru y el español Rodríguez. Las casas de apuestas le daban como ganador, el himno holandés ya estaba preparado en Cibeles, pero es ciclismo. Nadie está a salvo, nada esta zanjado. Llegó la sierra de Madrid y un ataque en La Morcuera a cincuenta de meta catapultó a Aru y precipitó al infierno a Dumoulin. Tras el italiano, los gallos del pelotón secundaron el ataque, pero Tom no pudo, sus piernas no funcionaron y el asfalto le devoró.

Perdió el podio en detrimento de un gran Majka, que aprovechó el ataque del nuevo ídolo italiano, para dar la puntilla al holandés. Era su vuelta, su carrera, su paso adelante. Pero no. Nunca olvidará la sierra madrileña, el puerto de La Morcuera y el color azul del equipo que le dejó sin premio. Un Astana que respondió con creces a lo que su plantel prometía.

Los sueños, sueños son, siempre tienen un final, para cuando te das cuenta, todo habrá acabado. El de Dumolin duró una semana, una semana en el que Holanda se volcó con su ciclista, porque el amor cruza montañas y el ciclismo las escala. Lucha por lo que quieres, arriesga por lo que amas. Tom lo hizo y desde aquí le damos las gracias. Por hacer de ésta vuelta, una de las más emocionantes de la década, por seguir demostrando que el ciclismo sigue siendo el deporte más bello del planeta.