El futuro del periodismo

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“Papá, mamá, quiero ser periodista”. así fue, lo tenía muy claro y así se lo transmití a mis padres. Tenía 16 años y por suerte esa profesión tan romántica me cultivó hasta el punto de ser lo único que tenía más o menos claro en una época donde, precisamente tener algo claro es una mera utopía.
Era un enamorado de los deportes, un enamorado del olor de las hojas de los periódicos de los domingos por las mañanas, siempre lo hacía, todas las mañanas, todos los domingos, sin excepción, bendita rutina.
Como he comentado antes, los deportes eran y son mi devoción, fútbol, ciclismo, tenis, fórmula uno, de todo tipo y clases. Me apasionan. Todo niño pequeño sueña con ser futbolista, con ser ciclista o con ganarse la vida encestando canastas en el Madison Square Garden.
Siempre me ha seducido la radio, quizás por ese encanto tan especial que tiene, o ese misterio que conlleva no saber el rostro de la persona que está detrás del aparato. Desde siempre, la radio ha sido un elemento imprescindible en mi hogar. Siempre ha acompañado los desayunos, las siestas, las meriendas y cómo no, las madrugadas. No puedo concebir una noche sin el transistor encendido, una manía que es imposible de eliminar, de sucumbir y que hace de ella, las noches más amenas.
Por ello, siempre me ha interesado las voces de mis ojos, los datos e historias que han narrado, que han vivido.
Como enamorado de los deportes que soy, la relación radio – deporte siempre ha sido protagonista en mi vida; desde que tengo uso de razón, siempre he optado por la radio para informarme sobre los éxitos y desgracias de mi equipo favorito o las innumerables hazañas que realizaban mis ídolos. El tiempo fue labrando en mi, una relación de amor con la radio, un sentimiento que me llevó a querer ser en un futuro periodista y ganarme la vida informando y haciendo de esa profesión, la más bonita del planeta.
El periodismo tiene una relación directa con la vida, con los cambios que se producen en ella. El periodismo cambia, cada segundo, cada minuto, cada día habrá una forma diferente de hacer periodismo, de contar los hechos, de comunicar. El periodismo está muy ligado con la tecnología, aquella que no deja de evolucionar, de sorprender y de hacer, más fácil la transmisión de información. Aquel periodista que no se amolde a los nuevos tiempos, que no utilice las redes sociales, que no sepa manejar programas informáticos estará muerto.

“El futuro no está escrito, el ser humano decide su futuro con sus acciones y sus omisiones”, este mensaje tan optimista es obra del prestigioso periodista Iñaki Gabilondo, se lo escuché decir en un foro de empleo de una universidad.
Las coyunturas sociales no tienen porqué marcar el futuro de una profesión ya que lo que hoy es negro, mañana puede ser blanco. Hace varios años atrás, una gran mayoría de los estudiantes que salían por las puertas del bachillerato para desembarcar en la universidad, lo hacia con el pensamiento de querer ser arquitectos por la ya cansina cantinela de las salidas que tienen las carreras. Ahora, la coyuntura social, la crisis económica que padecemos, ha provocado el innumerable número de arquitectos copando la lista del paro.
El periodismo,  está dañado, está enfermo, constantemente vemos como el cierre de periódicos, de revistas está a la orden del día. En pocos años, los periódicos convencionales no exisistirán, serán recuerdos del pasado. El olor de la tinta, los quioscos, los semanales, habrán pasado a una mejor vida.
“Sin periodismo no hay democracia”, este lema tan utilizado cuando llega el día de la libertad de prensa, expresa la importancia del periodismo. La importancia de la objetividad del buen periodista, el papel que desempeña a la sociedad: informar, comunicar a la población la verdad, la realidad del mundo, que desgraciadamente, parece que solo tienen la potestad de gobernarlo unos pocos.
Por ello, si el periodismo muere, la sociedad morirá, la verdad será modificada a beneficio de la tiranía de la ente gobernante, por esto, hay que asegurar la salud para muchos años de ésta profesión, de ésta forma de vida, que milagrosamente, me llenó cuando sólo era un ignorante.

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