La tristeza del romántico

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Otra final de copa se vislumbraba en el horizonte. La temporada finalizaba en Barcelona, en el Camp Nou, y con la posibilidad real de acabar con treinta años de sequía. La expectación creció con el paso de los días, Bilbao se engalonó de rojiblanco. Los aficionados creían que el milagro podría ser posible, y ni jugar en el campo del rival, les hacía despertar del sueño. La competición doméstica había finalizado de la mejor manera posible. El Athletic goleando y clasificándose, un año más, para una competición continental.

Más de 60.000 leones tiñeron de ilusión y de color la ciudad condal. Animaron, sin pundonor, a su Athletic, haciendo gala de un comportamiento excelente y demostrando una vez más, la clase de afición que son. Ganaron por goleada a la afición blaugrana, demostrando fielmente que la calidad de ambos equipos no se corresponde con la de sus aficiones. Los leones se aferraban al olfato de Aduriz, a la cabeza de San José, a la velocidad de Williams y a las paradas de Herrerín. Pero el sueño fue breve y conciso. El despertador tardó poco en hacer acto de presencia. El mejor jugador del mundo asestó un golpe definitivo con un gol que no se olvidará fácilmente. El Athletic vería, otra vez, una celebración con lágrimas en los ojos.

Aplaudir y lamentarse. No quedaba otra ante una exhibición de tal calibre. El Barça volvió a ser el actor principal del cabreo de los rojiblancos. Otra final perdida, otra final en la que el Athletic no supo competir, ni demostrar el portencial que se le presupone. Las ganas de agradar o quizás, la presión que ejerce su incondicional hinchada. La gabarra volvió a quedarse sin inquilinos. Sus mayores seguidores no estaban para tal fiesta.

Los triunfos llegarán, las lágrimas se convertirán en risas y la afición bilbaina volverá a ver a su capitán levantar un título. Parece algo ilusorio que con unos principios anclados en los orígenes del fútbol, el Athletic pueda ampliar sus vitrinas. Pero el fútbol no es una ciencia exacta, y ocurre que, en ocasiones, el poderoso hinca la rodilla ante la ilusión, las ganas y fuerza de voluntad del teórico rival más débil.  A eso se dedica y se ha dedicado el Athletic a lo largo de su historia, a superar ese tipo de retos, porque éste club, es un caso único en el paronama futbolístico mundial. Continuaremos apoyándolo, idolatrándolo, porque ir con David, siempre es más romántico que apoyar a Goliat. Porque hay imponderables que hacen de ésta institución algo más que un equipo de fútbol. Una forma de valorar la vida, de afrontar la realidad. Porque el fútbol, en el Athletic, es algo secundario.

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