La(casi) victoria

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Cuando quieres y no puedes, cuando crees que tanto esfuerzo tendrá su recompensa, cuando está todo perdido y sigues agarrándote a cualquier elemento, cuando al final todo ha acabado y para algunos, habrás fracasado. Todo ello se le pudo pasar por la cabeza al campeón holandés Tom Dumoulin, al perder el maillot de líder en la última etapa de una Vuelta España que arrancaba en el sur de España con uno de los mejores planteles de la historia.

El joven ciclista de 24 años llegó a la vuelta de tapado, con el objetivo principal de ganar la contrarreloj de Burgos que le serviría de entrenamiento para el mundial de Richmond. Y vaya si logró su objetivo, su tiempo marcado en la meta le valió para vestir el “rojo” a falta, únicamente, de cuatro etapas para llegar a Madrid.

Su ventaja, mínima, le hizo partir como máximo favorito para lograr su primera grande. Tan solo un gran ataque de sus principales rivales le podía  despertar del sueño. Pasaron las etapas y cada kilómetro que atravesaban,Tom se mostraba más fuerte y con mejores piernas que el italiano Aru y el español Rodríguez. Las casas de apuestas le daban como ganador, el himno holandés ya estaba preparado en Cibeles, pero es ciclismo. Nadie está a salvo, nada esta zanjado. Llegó la sierra de Madrid y un ataque en La Morcuera a cincuenta de meta catapultó a Aru y precipitó al infierno a Dumoulin. Tras el italiano, los gallos del pelotón secundaron el ataque, pero Tom no pudo, sus piernas no funcionaron y el asfalto le devoró.

Perdió el podio en detrimento de un gran Majka, que aprovechó el ataque del nuevo ídolo italiano, para dar la puntilla al holandés. Era su vuelta, su carrera, su paso adelante. Pero no. Nunca olvidará la sierra madrileña, el puerto de La Morcuera y el color azul del equipo que le dejó sin premio. Un Astana que respondió con creces a lo que su plantel prometía.

Los sueños, sueños son, siempre tienen un final, para cuando te das cuenta, todo habrá acabado. El de Dumolin duró una semana, una semana en el que Holanda se volcó con su ciclista, porque el amor cruza montañas y el ciclismo las escala. Lucha por lo que quieres, arriesga por lo que amas. Tom lo hizo y desde aquí le damos las gracias. Por hacer de ésta vuelta, una de las más emocionantes de la década, por seguir demostrando que el ciclismo sigue siendo el deporte más bello del planeta.

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