Un nuevo tiempo

Y el veinte llegó. Finalizaba diciembre con unas elecciones generales. El índice de participación marcó lo que significaba para el pueblo estos comicios.

El presidente en funciones y máximo favorito para descorchar el champagne era quien llegaba mejor a la recta final. Su campaña, alejada del foco mediático no dio para mucho. No dejó ningún titular. Era lo que buscaba, que no se hablara de él. Tan solo un lamentable accidente sufrido en su tierra le trastocó los planes. Rajoy complió en la sombra. Su rival de siempre, el PSOE, fue de menos a más. Sánchez realizó una campaña defensiva, desmarcándose del PP y haciendo creer que solo él era la solución. El debate final, a seis días para el 20D, le puso en la carrera para campeonar. Ciudadanos y Podemos, se disputaban la medalla de bronce. Eso parecía al comienzo de la campaña. Pero todo cambió. Iglesias intentó movilizar a la izquierda con mítines multitudinarios con aroma Felipista. Volvió al Podemos de enero de 2015. Al ritmo de “Remontada”, Podemos iba ganando enteros como primera fuerza de la izquierda. En cambio, Albert Rivera se desinflaba por momentos. Ciudadanos, optó por la estrategia equivocada. Sus líderes le pusieron la etiqueta de partido del “Centro”y sus rivales le empujaban a los lados.

La noche del 20D se apagó. Las luces de las farolas dieron paso a la luz del sol. Un nuevo día empezaba, en una España que amaneció cambiada. El Partido Popular perdió casi todo su legado. Cuatro millones de votantes  no volvieron a confiar en Rajoy para dirigir el país. Continua siendo la fuerza más votada, pero presenta muchas dificultades para formar gobierno. Los socialistas no perdieron tanto como los populares, pero sus paupérrimos 90 escaños lo convierte en el peor resultado de la historia. Sin embargo, Ferraz respiró aliviado. Continuan siendo la primera fuerza en la oposición, ante un Podemos que se les acercaba peligrosamente. Un Podemos que vendió como un triunfo su tercera posición, ya que sus 69 escaños le convierten en una fuerza importante en el Congreso. El perdedor de la partida de póker fue Ciudadanos y su mensaje de centralidad. Los ciudadanos, no lo vieron como el “cambio tranquilo” que su líder repetía en cada mitín.

Es un nuevo tiempo. Es la hora de los pactos y alianzas, del juego político que allá por los 80, España vendió como su verdadero triunfo. El PSOE tiene la llave de todo. Las elecciones le pusieron en el borde del precipicio. Es el momento para salir de ahí con vida o caer para siempre. Si se abstiene, como el PP, Ciudadanos y Europa quieren, morirá para siempre. Será la puntilla, será el final de un partido que en sus más de 130 años de historia siempre ha intentado( con sus errores y aciertos ) estar al lado de los que más sufren. Si su líder, cuestionado por la ambición y el egoísmo desmedido de algunos de sus propios dirigentes, es valiente y no cede, buscará a Podemos como aliado para empezar a intentar formar gobierno. Le pasará la pelota a Iglesias y conoceremos si una consulta popular en Cataluña es más importante que formar un gobierno dónde el bien común sea prioritario.

 Cambia, todo cambia. España también, y lo hará con pies de plomo. Siempre mirando al pasado, sin repetir errores pero repitiendo aciertos. Los Pactos de la Moncloa como ejemplo. Un nuevo tiempo ha comenzado en un año que se acaba. El 2016 promete.

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