Muerte Clínica

Los 17 dimisionarios dirigidos por Susana Díaz han logrado llevar acabo el objetivo que comenzó con la dimisión de Sánchez y ha acabado con la abstención en la investidura de Rajoy. Una decisión histórica que debilita a una organización ya por sí desgastada.

Abstención. La palabra tan temida en las dos campañas electorales pasadas, el término que tanto negaban todas las agrupaciones socialistas, una acción que tanto la ejecutiva saliente como el aparato del partido deslegitimaba, ha terminado por salir impresa en la nota de prensa que la Comisión Gestora ha emitido. El PSOE permitirá en el fin de semana de los Todos los Santos, un gobierno de derechas, acabando así con el bloqueo político que todos los partidos estaban dando a España.

El partido de la rosa y el puño, la organización que tiene que velar por los intereses de España y en especial de la clase media y baja, ofrece el apoyo indirecto a un Partido Popular que siempre ha apostado por sus intereses personales antes que por el bien de la nación. Sus orígenes así lo confirman, cuando ante la votación de la Constitución del 78 parte de los diputados de Alianza Popular votaron “NO” al texto que más estabilidad ha dado a España. Pero no hay que irse tan lejos. En Mayo del 2010, en medio de una de las crisis económicas más graves que Europa ha padecido, el PP con Rajoy a la cabeza, votó “NO” a los recortes que Europa había obligado hacer a Zapatero, para según palabras del actual ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, “Que cayese España que ya la levantaremos nosotros”.

El PSOE no ha entendido el cambio político que conllevó el 15 M, la aparición de un rival a su izquierda y el nuevo tiempo en Cataluña. El PSOE tiene que encabezar la izquierda apoyándose en Podemos y proponer una reforma constitucional llevada a referéndum que desencadene en una España más fuerte con una Cataluña con más competencias. Solo así podrá volver a gobernar. Con un proyecto de izquierdas y federal.

Es curioso el argumento de abstención que hacen los partidarios a ella, relatando que en unos nuevos comicios, las consecuencias serían letales, cuando esas consecuencias han sido potenciadas por ellos, al desterrar a su Secretario General, contra la opinión de las bases. Una abstención condicionada a la salida de Rajoy, sumada a una serie de leyes y a una moción de confianza a mediados de la legislatura, era la opción que los que hoy han defendido la abstención sin condiciones deberían haber propuesto en el Congreso Federal del mes de julio. Pero continuaron apoyando el mensaje de su líder sin creerlo, para luego darle la patada cuando el tiempo ha premiado. Una táctica que impulsa todavía más a Pedro Sánchez en un futuro Congreso.

Con la abstención, el Partido Socialista ha refrendado a aquellos que centraban su discurso en la coalición PPSOE, ha perdido la credibilidad que hizo frenar el “Sorpasso” y da el gobierno al primer partido imputado por corrupción en España. Podemos, aquel partido que prefirió en marzo acabar con el PSOE que con el PP, se frota las manos ante el futuro tan esperanzador que le ha abierto el PSOE. Un partido que hoy ha decidido salir del coma del que estaba inmerso para instalarse en una muerte clínica que tendrá su final cuando Rajoy decida disolver las Cortes y convocar unas nuevas elecciones.

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