Cambia, todo cambia, menos en España

Se cumple un año de las primeras elecciones generales del “cambio político”. Todo indicaba que tras las autonómicas, la izquierda española iba a regresar a los mandos de la Moncloa.  El PSOE apoyaba gobiernos locales de Podemos y este respondía entregando el bastón de mando a los socialistas en diversas comunidades. La derecha, comandada por el PP y secundada por Ciudadanos, llegaban al 20D con incertidumbre.

Una inquietud que se vio reflejada cuando a finales de enero, Mariano Rajoy rechazó el encargo del Rey y a la postre, ser investido como presidente. La partida estaba en la izquierda. Conseguir el sí/asbtención de los nacionalistas e independentistas para configurar un gobierno de izquierdas era lo que tanto Pedro Sánchez como la cúpula de Podemos pretendían. Pero el ex secretario general del PSOE eliminó de un plumazo sus pretensiones de convertirse en el séptimo presidente de la España democrática, para satisfacer y relajar el clima interno de paz establecida que Andalucía y otras personalidades de peso socialista acordaron. Le truncaron el plan a Sánchez, y ante la imposibilidad de echarse a atrás, intentó un gobierno a tres que ya de por sí era imposible.

El resultado de las segundas elecciones fue similar y la reválida de unos nuevos comicios estuvo muy cerca. Rivera y Rajoy cerraron a última hora un acuerdo para que, junto a la inestimable ayuda de los medios de comunicación, bancos y la Unión Europa, presionar al partido socialista para que se abstuviera. No lo hizo y Rajoy, obligado por las circunstacias, fue a una investidura fallida.  Con el verano premiando sus últimos días, el PSOE apretó el acelerador en busca de un pacto de todas las fuerzas de la izquierda, independentistas y PNV para evitar las terceras elecciones y si no fuera así, quitarse la responsabilidad de haber llevado al país otra vez a las urnas.  Con el contexto de un nuevo desastre electoral, los socialistas abrieron fuego y cambiaron de rumbo. Evitaron unas nuevas elecciones, dieron un necesario gobierno a España, pero escenificaron un nuevo fracaso de la izquierda.

Un fracaso que repite errores del pasado. Las rencillas ideológicas, pensar en quién iba a enarbolar la bandera del progreso, en difinitiva, centrarse en lo que les separa y no en lo que les une, han llevado a un líder que hace un año estaba denostado y fulminado, a la Moncloa. Y como es lógico en la izquierda, en vez de levantar la cabeza, reflexionar y unir han apostado por la rebelión interna. En Podemos, la lucha entre “Pablistas” y ” Errejonistas” está dividiendo al partido. En el PSOE, el partido ya lo está.

Iba a ser una legislatura muy complicada para Rajoy, decían. Iban a abrasar al ejecutivo con comisiones de investigaciones día sí y día también, decían. Nada ha cambiado en un año. Las promesas que todos los partidos del “cambio” estaban prometiendo ahora hace un año, han quedado en papel mojado. La izquierda española necesita nuevos rostros, otros líderes que hagan lo que este país demanda. Y por lo que se puede atisbar en el futuro, ni PSOE ni Podemos parecen que vayan a dar con la solución adecuada. Ninguno de sus futuribles son capaces de unir a su partido y por ende, a la izquierda. Las pobreza continúa existiendo, las clases populares siguen reclamando lo mismo, pero sus líderes no están por la labor de satisfacer sus necesidades. Bastante tienen con decapitar al que tiene que ser su aliado.

 

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